Creyendo en el amor formé
de mirtos
en mi pecho un altar,
y aquella virgen que adoró mi alma
con suma ingenuidad,
rompió el altar, y destrozó mi pecho.
Creyendo en la amistad,
me hice de amigos
que en mi senda encontré;
Les dí mi afecto y mi confianza toda,
y ellos poco después,
burlaron sin reparo y sin conciencia
mi candorosa fe.
Hoy, cuando escucho formular
protestas
de inviolable amistad,
y entre suspiros oigo el juramento
de un amor eternal,
¡Cuál de los dos -me oigo- será Judas
que al otro besará!"