El día que me vaya
ha de ser cualquier día
Y me iré como vine: Solo, sin estridencias,
bajo el viento y el sol
Sin riquezas, sin lujos, sin vanos atavíos
con mi sayal raído a filo de dolor.
Me iré sin una queja,
sin un remordimiento,
limpios mi haber y debe en mi libro mayor.
Partiré cualquier
día en un tren de silencios
que en otro día cualquiera me dejó en la estación.
Partiré
Testigos sólo el viento y el majestuoso sol.
El punto de partida también será cualquiera.
¿El rumbo? Solamente puede decirlo Dios.
¡Santuario de San
Blás, oh pueblo mío!
te amo en la plenitud de tu existencia.
Te admiro en la ancestral magnificencia
de tu rico y austero señorío
Te amo en la quietud del
manso río
que salmodia entre rocas su querencia;
en el silencio y la oriental esencia
de tu humilde y tranquilo caserío.
Te amo en la diadema de
esmeraldas
que te ciñen los cerros con sus faldas
-homenaje y tributos de su amor-.
Y te adoro en la Fe de tus
Altares
donde acuden tus hijos a millares
encendidos de célico fervor.